lunes, 22 de junio de 2015

Lady – Primera Parte (El comienzo)

La historia que vas a leer o que vas a escuchar hoy es la historia de una persona que lo dio todo y se quedó con las manos vacías. No es la clásica historia de amor en la que el personaje principal es el héroe y se queda con la chica. Así que esta historia no es para las personas que creen en el amor y esas tonterías. Si no crees ser lo suficientemente fuerte, te sugiero que dejes de leer, tires el papel que tienes en las manos o que cierres la computadora porque ciertamente esta no es la clase de historia que quieres escuchar para antes de irte a dormir.

Esta es una porción de la historia de mi vida. Como ya lo has de saber es la historia de una chica y, como también ya lo habrás deducido, es la historia de cómo esta chica me rompió el corazón.

Todo comenzó a principios de mi segundo año de educación secundaria. Yo era nuevo en la escuela. Como cada año, me acaba de mudar a aquella nueva ciudad y había escogido esa escuela por su nivel académico y su renombre en la zona. Tenía buenos antecedentes de escuelas anteriores así que me gané la confianza de los directivos e inmediatamente me dieron un lugar. Para mí era una simple escuela más. Había estado en varias antes de esa y esta, no tendría por qué ser especial. Mi vida seguiría su curso normal siempre y cuando yo hiciera siempre lo mismo.

Me asignaron mi horario y mi grupo. El primer día de clases llegué temprano, antes que nadie más y me senté hasta adelante. Odiaba sentarme hasta atrás y tener que ver la manera en la que otros perdían el tiempo con trivialidades, pasando notas, usando el celular, pegando residuos nasales bajo el escritorio… ese tipo de cosas. Escogí el lugar más apropiado para mí: lo suficientemente céntrico como para que estuviera de frente al pizarrón pero a la vez lo suficientemente cerca de la ventana para tener la cantidad perfecta de luz y la intensidad precisa de la corriente de aire de la ventana en mi lado derecho… de ese modo no me dormiría durante las materias fáciles.

Me senté y comencé a organizar mi material de clase. Inglés… lo más fácil del mundo. Pronto la luz del día paulatinamente empezó a iluminar más el salón y a su vez los chicos comenzaron a llegar. De pronto me vi rodeado de conversaciones absurdas de amigos que habían pasado veranos increíbles fuera de casa. Aparentemente la mayoría de estos chavos habían compartido momentos y experiencias por lo que parecía toda una vida… era obvio que estos muchachos se habían acompañado a lo largo de la vida estudiantil desde antes de que varios de ellos dejaran de usar pañal. Por lo tanto, una ligera sensación de exclusión comenzó a crecer en mi interior… Yo jamás había vivido el suficiente tiempo en un sólo lugar como para hacerme de amistades de ese tipo… de hecho, difícilmente podía decir que tenía amigos… es más… mi único “amigo” era un sujeto de nombre “Lord Ragnar 23” con el que jugaba videojuegos en línea y a duras penas intercambiábamos palabra entre cada partida… De ahí en fuera era yo, mis libros, la escuela y mis solitarios pasatiempos…

Pensaba en esas cosas cuando una de las chicas, quien parecía la más escandalosa de todas, bajó la silla que estaba a mi lado, aventó su mochila debajo del escritorio y se dejó caer sobre la silla. Incómodo… me giré discretamente para no tener que hacer contacto visual… escuché a mis espaldas unas cuantas risas burlonas… asumí que se trataba de las amigas de esta “invasora” y “perturbadora del orden y del espacio personal”. Yo sabía muy bien cómo lidiar con ese tipo de gente. Era obvio que una persona con mi perfil social e intelectual atrajera la atención de “los alfa” como a mí me gustaba llamarlos… Esa especie de adolescente que disfruta hacer sentir menos a los más pequeños, débiles e indefensos… Sin embargo yo sería más inteligente que eso… tomando en cuenta mi amplia experiencia lidiando con este tipo de gente no sería más que un ejercicio de rutina confrontar a esta “especie” común de la jungla escolar. Esa chica me molestaría sólo por un par de días… cuando finalmente se diera cuenta que todos sus intentos por hacerme caer en su juego eran en vano… desistiría en su cometido y yo volvería al anonimato total y absoluto… mi sitio cómodo; lo único que tenía que hacer era ignorarla. Quizá lo que realmente me sorprendía de todo esto es que esta vez se tratara de una chica… siempre era un hombre, pero mi razonamiento me llevó a la conclusión de que el hecho de que se tratara de un sujeto del sexo femenino facilitaría mucho las cosas… ¡Qué inocente fui!

Permanecí con la mirada puesta fuera del umbral de visión de aquella chica. Contemplaba lo que fuera: la esquina donde se encontraban la pared frontal y occidente del salón con el techo, las lámparas de luz fría o neón que requerían una evidente limpieza exhaustiva en su parte interior o analizaba las manchas que tenía el pizarrón, que para cualquier persona común pudieron ser poco relevantes, pero que para mi gran sentido de la vista eran evidencia de que los maestros usaban ese salón con frecuencia para reunirse a hablar de los asuntos de la escuela… Era tan buen observador… Mientras tanto las risitas seguían en mi costado… Simples pruebas de la falta de intelecto de esas chicas… Niñas (pensaba yo) qué ingenuas.

Finalmente el timbre sonó. Súbitamente todos los alumnos tomaron sus lugares y a pesar de que estaban sentados, el murmullo no se detuvo por completo, y una que otra risita se resaltaba de entre los casi susurros que aún se oían en el salón. Después se escuchó que la puerta del salón se abrió y cerró casi al mismo tiempo. Corriendo entró un hombre de edad media vestido con un traje obscuro de segunda mano. La camisa azul que tría puesta no parecía para nada nueva, pero estaba bien cuidada. Usaba una horrible corbata con diseño anticuado con manchones abstractos de color café principalmente, azul rey y blanco. Portaba una enorme mochila gris colgando en su espalda, un periódico y un termo. Todos los chicos (y yo) nos levantamos y a una voz se escuchó el tradicional saludo estudiantil que entonan todos los jóvenes que toman clase de inglés… “Goood Morning Teacher…” (Buenos días maestro…) y no hubo nombre… el maestro dejó todas sus cosas y paró su tromba sólo para mirarnos de frente… y nada… se dio un zape en la frente con la mano derecha y dijo en Inglés… “Thank you” (gracias) “you may sit down” (se pueden sentar) dijo al tiempo que hacía un ademán con ambas manos dejándolas caer suavemente desde su pecho hasta su cadera en señal de quietud y reverencia. “My name is Santiago Blanco” (Mi nombre es Santiago Blanco) “But you can call me Teacher James or Mr. White, being James the translation of Santiago into English and white being the translation of blanco” (Pero me pueden llamar Teacher James (Profesor James) o Mr. White (Señor Blanco) Siendo James la traducción de Santiago al inglés y white la traducción de blanco).

Hubo silencio en el salón. El maestro parecía estar esperando un comentario o alguna risa. Permaneció de pie… inmóvil frente a todos con las manos a la altura de sus hombros haciendo piquitos con todos los dedos juntos y con la mitad del cuerpo inclinada hacia adelante. Nadie decía nada. El silencio se quebró cuando la chica a mi lado dijo “Why don’t we better we call you Mr. Brown?” (¿Por qué no mejor lo llamamos Señor Café?) “being Brown the color of your skin…” (Siendo café el color de su piel). El salón entero se desató en risas y exclamaciones de acierto.

Para mi sorpresa el mismo maestro se reía… efectivamente él era moreno… realmente moreno… era esa clase de morenos que te dicen que la frase “morenazo de fuego” tiene un significado más realista que metafórico… (¡Qué absurdo pensamiento!). El maestro aplaudió y eso captó la atención de todo el grupo. Todos guardaron silencio y el maestro dijo: “Alright… it’s been decided then… you can all call me Mr. Brown. But this will be only between you and me… Agreed?” (Bien… se ha decidido entonces… todos ustedes me pueden llamar el Señor Café. Pero esto será sólo entre ustedes y yo… ¿De acuerdo?). Todos contestaron “Yes Mr. Brown!”. Y volvieron a reír. A mí no me causaba gracia… de echo me parecía sumamente ofensivo, pero decir algo al respecto podría representar mi ruina. Además al maestro no parecía importarle lo que dijeran.

“Great, so now you know who I am. Now it’s your turn to tell me who you are” (Bien, entonces ustedes saben quién soy yo. Ahora es su turno de decirme quiénes son ustedes). Dijo el maestro con un entusiasmo exagerado (y muy sobreactuado… si me preguntan a mi) Uno de los muchachos dijo “We all know each other, we are together since elementary school… The only one we don’t know is the guy in the front. (Todos nosotros ya nos conocemos, estamos juntos desde la primaria. Al único al que no conocemos es al cuate que está hasta el frente). Y me señaló… o al menos eso pareció… yo obviamente le daba la espalda… no me iba a voltear a ver lo que sabía que estaba ocurriendo. Hubo silencio… Por un momento sentí que el mundo se había detenido… Había experimentado esa sensación miles de veces y aunque siempre me anticipaba, aquel estímulo siempre causaba el mismo efecto. La terrible hora de las presentaciones… La tortura de todo chico nuevo en la escuela. Ya habiendo sido “el nuevo” por más de 149 ediciones (por decir un número exagerado) debía estar acostumbrado a eso… pero no… nunca me acostumbré a los calosfríos, la falta de aire, la boca seca, la sensación de náuseas y la lengua temblorosa…

El salón concentró su atención en mí… sólo en mí. No fui capaz de comprobarlo con certeza pero estoy seguro de que me observaban… como cuando las aves perciben el peligro antes de que ocurra la catástrofe yo sentí que todos esperaban que dijera algo… sólo que yo, a diferencia de las aves, no podía salir volando lejos del peligro inminente… ¡Maldita sea! Respiré con calma… y no queriendo dar signos de nerviosismo accedí a mi reserva emocional de calmantes contra los momentos incómodos (una de esas dosis que calman cualquier ataque de pánico)… Tenía que parecer lo más hermético y simple del mundo y no ceder ante sus incitaciones.

Mr. Brown me miró con sus ojos negros y finalmente hice contacto visual con otro ser humano desde que me bajé del coche de mi papá unos minutos atrás. Me dijo “Alright, let’s do this… Let’s have you introduce yourself first and then everyone else will do it so that you and me can know them… yes?” (Bien, hagamos esto, preséntate tú primero y luego todos los demás lo harán también así tú yo los podemos conocer… ¿Sí?). No estaba cien por ciento convencido pero no tenía otra opción… nuevamente tenía que hacer lo que siempre hice. Tenía que repetir una vez más el discurso de presentación del chico nuevo, aquel que memoricé para este tipo de circunstancias después de asimilar que toda mi vida sería el chico nuevo de la escuela… cada año una escuela nueva… Usaría el discurso tradicional, el sencillo… pero en realidad tenía todo un repertorio preparado… Mis presentaciones estaban preparadas para toda clase de escenarios; en los que tenía que mencionar mi edad, mi lugar de origen, mi color favorito, mis pasatiempos más comunes, si practicaba un deporte… hasta tenía una presentación que incluía mis inclinaciones políticas preferidas y mis adaptaciones de música clásica rústica a los ritmos y melodías modernos…

Me puse de pie y recité con el mejor tono de voz que pude emitir de mi nervioso y tembloroso pecho… “My name is David Trejo, I am 13 years old. I come from the capital and I moved to this place last week. Nice to meet you all” (Mi nombre es David Trejo, tengo 13 años. Vengo de la capital y me mudé a este lugar la semana pasada. Encantado de conocerlos). Me senté de inmediato, nuevamente evitando todo tipo de contacto visual. Mis manos me sudaron a chorros… Mis piernas me temblaban y tenía ganas de ir a vomitar. Empecé a contar lentamente en mi mente y a medir mi respiración con mucha discreción… Sentía que aquella chica podía percibir mi nerviosismo… por más paranoico que eso sonara.

El profesor se acercó a mí, aplaudió dos veces y lanzó una carcajada. “Perfect!” (Perfecto). dijo él. “Now let’s all introduce to David. Allow me the chance to be the first. Hello David Trejo, my name is James White… of course in this class I will be known as Mr. Brown, you know that. I also come from the capital and I am 35 years old.” (Ahora todos presentémonos ante David. Permítanme ser el primero. Hola David Trejo, mi nombre es James White (Santiago Blanco)… claro que en esta clase seré conocido como Mr. Brown (Sr. Café), ya lo sabes. También vengo de la capital y tengo 35 años). Extendió su mano hacia mí en señal de saludo… Tuve que saludarlo aunque no lo quisiera… Me apretó con fuerza, agitó nuestras manos un par de veces sonriendo sin parar y luego dijo “Great! We are friends now… let’s make more friends”. (¡Genial! Ahora somos amigos… Hagamos más amigos). Sin soltarme me jalo hacia arriba y me paró a su lado para escuchar las presentaciones de todos los demás alumnos… Y allí se quedaron mis planes de ser invisible durante el primer periodo del primer día de clases… Gracias Mr. Brown…

Todos se presentaron… algunos con un buen y fluido inglés, otros con un acento terrible… pero todos lo hicieron. Todos buscando hacer contacto visual conmigo. Algunos quisieron hacer preguntas que yo no quise contestar pero que el maestro contestaba con una gran sonrisa, haciendo mucho alarde de los detalles… claro que eso era parte de su trabajo… pero del mío no… y odié cada minuto que pasé rodeado de su brazo y con su axila recargada en la parte posterior de mi cuello, debajo de mi nuca. Al final fue el turno de la chica que se había sentado a mi lado… Se paró de su silla como todos los demás lo hicieron y me dijo: “Hello David, my name is Yaledi Matamoros but my friends call me Lady. I am the smartest in this group, I love martial arts, I am not from the city and my favorite animal is the Pegasus. I am 13 years old and my birthday is in July. Nice to meet you”. (Hola David, mi nombre es Yaledi Matamoros pero mis amigos me llaman Lady. Yo soy las más inteligente en este grupo, me encantan las artes marciales, no soy de la ciudad y mi animal favorito es el Pegaso. Tengo 13 años y mi cumpleaños es el Julio. Encantada de conocerte). Salió de su lugar y se acercó para darme la mano… Durante toda su presentación lo único que pude hacer fue ver su cabello… Era tan terriblemente lacio… Y sobre él se asomaba un moño de color azul intenso… de esos moños gigantes que sólo usan las niñas que quieren llamar la atención. Era grotesco. Pero lo que realmente apremiaba era el saludo que ella y ahora todo el mundo en el salón esperaba que correspondiera… Para mí siempre era mejor evitar el contacto físico… si ver a las personas ya me causaba conflictos, ahora estrechar manos con ellas era pasarse de la raya… más porque había pasado los últimos veinte minutos de mi vida bajo el brazo de un hombre que apenas conocía y que seguramente ya me había impregnado su aroma a colonia barata de Avón.

Miré el suelo… Sería sumamente descortés dejar a la chica con la mano suspendida… esperando a que yo la estrechara… Sentí cómo el maestro (quien no me soltaba aún) me apretaba con mayor fuerza contra sí invitándome a que correspondiera el gesto. Forzado y más obligado que dispuesto, extendí mi mano por igual para saludar… nuestras manos se tocaron por primera vez. Sentí las palmas de sus manos… jamás en mi vida había yo percibido tanta suavidad en ninguna especie de superficie o textura. Mi pulgar tocó la piel de su mano y parecía que un millón de fibras de terciopelo fino rodeaban la dermis de aquella chica… “Ledy” dije en mi mente.

Dejé de mirar nuestras manos sólo para ver su rostro y ese ridículo moño azul… ella sonreía… “Welcome” (Bienvenido), dijo al tiempo que soltó mi mano. Se dio la vuelta (su cabello lacio voló a su alrededor al hacerlo) y tomó asiento nuevamente acomodando su falda con cuidado. Yo me quedé inmóvil… inerte… incapaz de entender lo que acababa de ocurrir… Estando así, el maestro decidió dejar que me sentara… caminé despacio hacia mi asiento sintiendo calambres en la mano con la que había estrechado a Lady y me senté.

Había un zumbido chillante en mis oídos, como de esos que escuchas antes de desmayarte… lo sabía porque a mis diez años mi mamá me llevó a cortarme el pelo a una academia de belleza para que la amiga de una conocida suya hiciera su examen final en mi cabeza… La muchacha se cortó el dedo con las tijeras por accidente mientras emparejaba mi fleco y justo decidió poner el show frente a mis ojos… ese zumbido fue lo último que escuché antes de despertarme en la camilla de la enfermería de la pequeña escuela. Aquel zumbido permaneció conmigo el resto de la clase… A pesar de que después de la sesión de presentaciones de la clase de Inglés había acabado y todo había terminado como cualquier otra sesión de presentaciones de los últimos 5 años algo no se sentía igual… algo simplemente no era lo mismo… no mucho tiempo después me di cuenta que aquello que era distinto cambiaría las cosas por completo y para mi mala suerte esos cambios no eran para bien, contrario a lo que mi mamá decía cada vez que teníamos que despedirnos de una ciudad por el trabajo de mi papá. Esta vez yo había sido el objetivo del más mezquino, peligroso y sínico atentado en la historia de la adolescencia temprana… el amor a primera vista… y me odio a mí mismo por aceptarlo.

-K. Beruang 

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